El nuevo valor de TI no está solo en desplegar tecnología, sino en reducir complejidad sin perder capacidades. Y es que ante la complejidad TI cada vez más acusada, los responsables de las empresas reclaman plataformas unificadas que les permitan centralizar esfuerzos.
Un estudio de Google Workspace y JumpCloud, centrado en el estado real de las suites de productividad y su gestión en entornos empresariales, revela precisamente esta realidad. El 87% de los líderes de TI consideraría cambiar a una plataforma unificada, y un 54% afirma estar “muy” dispuesto a dar el paso.
Si bien las soluciones de productividad son claves para los negocios, escalarlas y gobernarlas se está convirtiendo en un quebradero de cabeza para las empresas. De hecho, solo el 6% de los responsables TI percibe una experiencia realmente fluida, mientras que muchos ven un alto esfuerzo administrativo para tener una visibilidad completa e integral.
En la práctica, los frentes de dolor que más se repiten son operativos:
Para partners, MSP y consultoras, este reto abre un tipo de servicio con alta demanda: racionalización de las soluciones, rediseño de identidades/dispositivos/políticas y gobierno continuo. Pero el mensaje clave es que la unificación sostenible no se logra “comprando suite”, sino definiendo un modelo operativo con plataformas unificadas.
La unificación que reclaman los equipos de TI no se limita a “migrar de suite”. El informe lo plantea como el paso hacia un único plano de control donde converjan colaboración, identidades, dispositivos y políticas, para eliminar capas de complejidad que frenan la productividad y disparan costes.
Y es que precisamente es esta unificación lo que más cuesta. Encontrar plataformas unificadas que no cuenten solo con parches de conectores, sincronización manuales o sistemas débilmente acoplados.
La tendencia encaja con un fenómeno que analistas y fabricantes llevan tiempo señalando: la proliferación de herramientas se está convirtiendo en un freno estructural para la gestión TI. Forrester, por ejemplo, citó que una amplia mayoría de decisores reconocía niveles moderados o extensos de complejidad y que la consolidación ya se está usando como respuesta de gestión.
La segunda presión es la seguridad: más herramientas no siempre equivale a más protección; a menudo significa más huecos entre productos, más consolas, más reglas duplicadas y más fatiga operativa. Distintos análisis recientes en ciberseguridad vienen alertando de esa fragmentación como fuente de ineficiencia y riesgo.
Y la tercera presión es la IA. A medida que aparecen agentes, automatizaciones y nuevas identidades “no humanas”, crece la necesidad de gobernanza unificada: saber qué identidades existen, qué permisos tienen, desde qué dispositivos se opera y qué políticas aplican.