La IA se ha convertido ya en la tecnología de moda que debe estar en cualquier solución tecnológica. De hecho, ya es raro encontrar un producto TI que no integre, de una forma u otra, la Inteligencia Artificial. Una realidad que irá a más en los próximos meses y años.
Sin embargo, más allá de la explosión marketiniana, para los partners es obligado encontrar el valor real de la IA. Saber dónde se puede posicionar, cómo podemos generar negocio y cuáles son sus beneficios a la hora de ponerla a trabajar.
Además, y tan importante como lo anterior, saber optimizar la IA para que sus costes no exploten sin una estrategia clara. Y es que tan solo el 44% de las empresas encuestadas por Gartner cuentan con una planteamiento FinOps para la Inteligencia Artificial. En este sentido, desde la consultora nos habla de tres indicadores para digerir la vorágine de esta tendencia y ponerla en el centro del negocio de valor.
El primer pilar consiste en definir con claridad qué se quiere conseguir con la IA. No basta con adoptar tecnología por tendencia o moda: las organizaciones deben establecer objetivos concretos y medibles que conecten la IA con resultados de negocio, tanto a corto plazo como a medio.
Este enfoque permite pasar de la experimentación a la generación real de valor, orientando las inversiones hacia casos de uso con impacto tangible y que realmente ayuden a generar el valor que buscamos.
El segundo pilar se centra en construir una base fiable: datos de calidad, gobernanza y confianza. Sin una base sólida, los modelos de IA no generan resultados consistentes ni escalables y por tanto, no sirven para aportar el valor que buscamos.
Esta base implica preparar datos “AI-ready”, establecer políticas de control y garantizar integridad y seguridad, elementos clave para que la IA funcione de forma fiable en entornos empresariales.
El tercer pilar pone el foco en las personas: habilidades, cultura y adopción. La IA solo genera valor cuando los equipos saben utilizarla y adaptarla a su trabajo diario y mientras esto no sea posible, nos quedaremos colgados en medio de una implantación exitosa pero sin valor.
Esto requiere formación, cambio cultural y nuevos modelos de colaboración entre humanos y sistemas inteligentes. Sin este componente, incluso la mejor tecnología queda infrautilizada y finalmente, inutilizada.