La virtualización es una decisiones más sensibles para los equipos de TI. Los cambios en los modelos comerciales y las nuevas exigencias de las cargas de trabajo, en especial las relacionadas con la IA, han aumentado su importancia a nivel estratégico. Para muchos, la prioridad inmediata es encontrar una vía de migración con menos riesgo para proteger las operaciones. Pero hay que reconocer que la plataforma elegida servirá de base operativa de la infraestructura y determinará la capacidad para innovar y responder a lo que el negocio exija más adelante.
El crecimiento en la creación de aplicaciones, de cara a un futuro marcado por la IA, está obligando a las empresas a escalar sus entornos de contenedores con más agilidad, lo que conlleva un problema añadido: la necesidad de tener separados los entornos de virtualización y contenedores, con la complejidad que esto implica.
La fragmentación que provoca esta necesidad suele llevar, de cara a la virtualización, a herramientas inconsistentes y habilidades dispares entre equipos, fricción operativa al conectar aplicaciones tradicionales basadas en máquinas virtuales con arquitecturas modernas basadas en microservicios, costes redundantes y complejidad innecesaria a largo plazo.
En este marco, Red Hat señala a OpenShift Virtualization, una función nativa para virtualización de Red Hat OpenShift, como una herramienta que puede facilitar la virtualización. Desarrollada sobre el hipervisor KVM, base de algunas de las principales arquitecturas cloud del mundo, incluidas las de los hiperescalares; lo combina con KubeVirt, un proyecto open source, con el objetivo de permitir la ejecución de máquinas virtuales en la misma plataforma que las cargas de trabajo contenedorizadas.
Además, está disponible como servicio gestionado a través de AWS, Microsoft Azure y otros proveedores cloud, por lo que el mismo modelo operativo acopmaña a las cargas de trabajo, ya sea en local, en el edge o en la nube pública.
El objetivo de esto no es obligar a las empresas a reescribir aplicaciones de alto riesgo antes de que estén preparadas. Se trata de aplicar una simplificación estratégica que opfrece una vía de menor riesgo para la modernización. Este enfoque permite a las empresas proteger las inversiones existentes, modernizar al ritmo que cada una necesita y recuperar la previsibilidad.
Así, las empresas pueden seguir empleando un ecosistema validado de integraciones de almacenamiento, red y copia de seguridad; por lo que la infraestructura actual sigue siendo funcional. Además, pueden ejecutar las máquinas virtuales heredadas sin cambios, mientras se incorporan desde un primer momento prácticas modernas, como flujos de trabajo de GitOps y pipelines de integración continua. Además, pueden pasar a un modelo basado en suscripción que ofrece estabilidad a largo plazo, y eliminar la incertidumbre de las estructuras de licencias heredadas cambiantes.
La pregunta en relación con la virtualización, por tanto, no es solo dónde migrar las máquinas virtuales, sino qué base tecnológica ofrece más flexibilidad de cara al futuro. Al aunar máquinas virtuales y contenedores en una sola plataforma, las empresas pueden aumentar la densidad de hardware y reeducir su huella física, lo que también contribuye a los objetivos de sostenibilidad y a evitar costes de gestionar entornos paralelos y desconectados.