En verano, miles de empresas reducen su actividad, reorganizan equipos y flexibilizan su modelo de trabajo. Pero también sube el riesgo de ciberataques, porque los ciberatacantes aumentan su actividad por la menor disponibilidad del personal, pero sobre todo por la relajación de determinados protocolos empresariales. Eso hace que las vacaciones sean uno de los periodos del año más sensibles para la ciberseguridad de las empresas.
En este marco, SAIMA Systems avisa de que las compañías deben ir más allá de la protección tradicional y apostar por la ciberresiliencia, como capacidad de anticiparse a los incidentes, limitar su impacto y mantener la actividad operativa incluso cuando se produce un ciberataque.
Este paso es especialmente importante en un marco en el que el impacto económico de la delincuencia online sigue en aumento. En España, según el Informe de Ciberpreparación de la aseguradora Hiscox, el coste medio de un ciberataque ya está por encima de los 105.000 euros por indicente. Además, el impacto económico de un incidente grave puede superar los 2,5 millones de euros. Mientras, el INCIBE informa de más de 500 ciberataques diarios en empresas.
Todas estas cifras reflejan las pérdidas económicas directas, pero también el impacto sobre la continuidad del negocio, la reputación empresarial y el cumplimiento de las normativas. El aumento del trabajo híbrido, la adopción de los servicios en la nube y la dispersión de usuarios han cambiado el modelo de protección. En la actualidad, las empresas necesitan redes capaces de adaptarse de manera dinámica a cualquier escenario, sin importar dónde estén sus empleados o cuántos responsables de TI haya disponibles.
Ante esto, la ciberresiliencia deja de centrarse solo en evitar ataques para sumar otras capacidades. Entre ellas, la detección temprana de anomalías, la automatización de respuestas, la segmentación inteligente de la red y la recuperación inmediata de los servicios más críticos.
Esta necesidad se ve reforzada por el nuevo marco regulatorio europeo, con normativas como NIS2 y DORA exigiendo la adopción de medidas de gestión del riesgo, continuidad de las operaciones y resiliencia digital cada vez más avanzadas, con la capacidad de recuperaicón al mismo nivel que la prevención.
Con este panorama a considerar, tecnologías como Saiwall Secure SD-WAN, desarrollada por Saima Systems, permiten convertir la red de la empresa en un elemento de protección activo. Gracias a su arquitectura inteligente, monitoriza el tráfico en tiempo real, segmenta de forma automática la infraestructura para evitar que las amenazas se propagen lateralmente, y puede aislar de inmediato las zonas comprometidas. Esto lleva a una reducción notable del impacto de incidentes de ransomware o ataques dirigidos.
Por otro lado, su capacidad para redirigir el tráfico entre enlaces distintos garantiza la continuidad de las comunicaciones aunque haya ciberataques o fallos de conectiivdad. Además, esta solución lleva gestión centralizada, alta disponibilidad, balanceo inteligente del tráfico y automatización de políticas de seguridad. Todo esto rebaja la dependencia de la intervención humana, precisamente cuando los equipos técnicos tienen menos recursos disponibles.
Ignacio Marco, Director comercial y Cofundador de SAIMA Systems, señala que «la pregunta ya no es si una organización sufrirá un incidente de ciberseguridad, sino si estará preparada para seguir operando cuando ocurra. Durante las vacaciones disminuye la capacidad de supervisión y respuesta, por lo que resulta imprescindible contar con infraestructuras inteligentes capaces de detectar amenazas, contenerlas automáticamente y garantizar la continuidad del servicio. La verdadera fortaleza de una infraestructura no consiste únicamente en impedir que un ataque entre en la red, sino en ser capaz de contenerlo, limitar su alcance y mantener operativos los procesos críticos del negocio. Esa es la diferencia entre proteger una empresa y hacerla resiliente».