La subida generalizada de los precios de los componentes TI ante un inventario limitado es una realidad desde hace meses. La industria tecnológica lo está viviendo con un buen comportamiento de negocio, pero no deja de ser un traspiés más en el día a día del canal de distribución. Y es ahora cuando los modelos de financiación se vuelven aún más importantes.
Desde siempre los planes de financiación han tenido un objetivo: salvar el obstáculo financiero que puede suponer para un cliente final una operación de envergadura. Ahí las respuesta de fabricantes y, especialmente, de mayoristas siempre ha sido la misma con servicios financieros adecuados a su músculo económico.
Sin embargo, ahora estas propuestas se vuelven aún más vitales cuando el incremento de las tarifas es inevitable para salvar la crisis del hardware en la que estamos sumergidos.
Como decíamos la meta de los servicios financieros es clara: evitar que el dinero sea un problema en un proyecto tecnológico, facilitando soluciones que permitan flexibilizar el pago de la tecnología.
En este sentido, son muchas las opciones que dan fabricantes y mayoristas. Desde la financiación más tradicional con préstamos, pagos por cuotas o leasing. El respaldo de estas financiaciones está vinculado a entidades bancarias o, si la compañía lo permite, su propio músculo financiero.
Pero en los últimos tiempos han ido apareciendo nuevas opciones más vinculadas a los nuevos tiempos. Opciones de DaaS, IaaS o cualquier otra tecnología como servicio son la renovación actualizada que permite dar más opciones adaptadas a los nuevos tiempos.
Precisamente estos nuevos formatos son la salida más plausible para sacar adelante ciertos proyectos. Nos lo planteaban mayoristas como V-Valley que están recurriendo al IaaS para hacer frente a la falta de infraestructura. Una alternativa que da más sentido a los nuevos modelos de consumo tecnológico.