Las pérdidas ocasionadas con fraude con tarjeta de crédito en EMEA, y en concreto en los 18 países de la zona monitorizados por FICO, han aumentado desde los 1.493 millones de euros en 2021, hasta los 1.578 millones de euros en 2024, lo que muestra un aumento sostenido de este tipo de estafa.
Uno de estos países es España, aunque la situación que presenta en cuanto al fraude de tarjetas de crédito con respecto al resto de Europa es bastante distinta. No solo no ha crecido este tipo de fraude en el país, sino que incluso han descendido las pérdidas ocasionadas por él: de 89,9 millones de euros en 2021 a 89,8 millones de euros en 2024.
Francia, con una incidencia de pérdidas por fraude con tarjeta mucho mayores, ha conseguido también reducir su impacto desde 2018. Entonces registró unas pérdidas de 433,2 millones de euros, y en 2024 se quedaron en 409,2 millones de euros.
En el lado contrario están los países que han visto crecer con más fuerza este tipo de fraudes: Noruega (de 14 millones a 26,4 millones de euros), Dinamarca (de 19,6 millones a 47,6 millones de euros), Hungría (de 3,3 millones a 22,4 millones de euros), Grecia (de 13,4 millones a 28,4 millones de euros) y Suecia (de 13,1 millones a 24,2 millones de euros).
De todos los tipos de fraudes que implican a las tarjetas, quizá el que más ha aumentado es aquel que se produce cuando las tarjetas no están presentes físicamente. No obstante, los fraudes que implican al comercio electrónico, a los monederos electrónicos, la ingeniería social y los códigos QR están también aumentando.
La ingeniería social juega un papel destacado en el fraude con tarjetas, ya que con sus técnicas, los delincuentes convencen muchas veces a las víctimas para que les den información clave para utilizarlas. Es el caso de los códigos OTP de los monederos digitales. Así, los estafadores consiguen gastar grandes cantidades de dinero de sus víctimas sin prácticamente obstáculos.
Otro tipo de fraude que preocupa a FICO es el fraude de identidad, que aunque todavía es mucho menos frecuente que el producido en escenarios en los que no intervienen las tarjetas físicas, es un problemas para los bancos. Sobre todo por los avances tecnológicos que permiten crear deepfakes e identificadores falsos.
Otros tipos de fraude más antiguos, como la falsificación, los robos y las pérdidas, siguen estables e incluso van descendiendo, sobre todo porque con los canales digitales es más sencillo cometer estafas y hacerlo desde un punto oculto y más seguro. Con ellos también tienen más facilidades para dirigirse a una audiencia de víctimas potenciales más amplia.