«Funciona así que no lo vamos a tocar», «Aquí siempre se ha hecho así», «Al otro gerente le funcionaba, ¿por qué a nosotros, no?». Comentarios de este tipo son muy habituales en determinadas compañías donde el inmovilismo tecnológico es una máxima. Un regla que estacan el crecimiento empresarial e impide optimizar recursos y ahorrar costes, tan necesario en los tiempos que corren.
Atarse a «lo de siempre» tecnológicamente hablando es más común de lo que parece en España. De hecho, una encuesta de Hays revela que un 61 % atribuye la falta de preparación para la transformación digital a la resistencia al cambio. Más aún, el 56 % de los consultados considera que su empresa no está preparada para evolucionar digitalmente.
Es más. Según un informe reciente de la Universidad Pontificia Comillas, el 75 % de los proyectos de transformación digital e inteligencia artificial fracasan debido a la resistencia de los empleados, quienes pueden percibir estas innovaciones como una amenaza.
Y los expertos advierten que esto puede costar caro a las empresas que se queden en el pasado. En palabras de Jordi Damià, CEO de Setesca Talent. “Si podemos relacionar los momentos históricos con palabras, la que mejor describe el momento empresarial actual es ‘transformación’. Este cambio obliga a las empresas a ‘cambiar de forma’ para mantener su competitividad, pero la resistencia interna es el principal freno».
Siendo la figura que suele estar más cerca de las empresas que practican el inmovilismo tecnológico, los partners son una referencia fundamental para ayudar en el camino.
En sus manos hay muchos retos tecnológicos para con las empresas, pero quizás enfrentarse a este inmovilismo tecnológico es uno de los más complicados. Sin embargo, existen fórmulas que nos pueden allanar el camino en este tipo de clientes:
Así, acercarnos a un cliente con pocas ganas de cambio tecnológico puede ser retador, pero a la vez muy gratificante cuando se consiguen pequeños cambios. ¿Estás en ello?