Solo un 37,2% de usuarios de Windows en España ha migrado a Windows 11

En España solo un 37,2% de los usuarios de Windows ha migrado a su versión 11. El resto, según datos de Kaspersky, siguen utilizando versiones anteriores, con un 53,3% de usuarios, tanto particulares como empresas con Windows 10 instalado.

Según una investigación realizada por la compañía, a pesar de quedar poco tiempo para que Microsoft retire el soporte a Windows 10, más de la mitad de los usuarios de este sistema operativo siguen utilizándolo. Además, un 4,6% de dispositivos siguen funcionando con Windows 7, que dejó de contar con soporte en 2020. El cerca del 5% de usuarios restantes están todavía utilizando versiones como Windows 8, 8.1, Vista e incluso XP.

En las empresas españolas, el 53% de los dispositivos corporativos funcionan con Windows 10. En las pymes, la cifra es algo menor: un 50,4%. En las grandes empresas, el porcentaje es ligeramente superior a la media. Como dato curioso del uso de Windows en las empresas españolas, en las pymes todavía hay casi un 4% de equipos en los que se usa Windows 7, un porcentaje que se reduce al 2,5% en las grandes corporaciones.

Ante este panorama, los expertos de Kaspersky señalan que mantener sistemas operativos obsoletos en infraestructuras corporativas es un riesgo importante para las empresas. Esto se debe a que son vulnerables a exploits y a que pueden ser incompatibles con software y herramientas de seguridad más recientes, una incompatibilidad que puede llegar a comprometer la continuidad del negocio.

Para reforzar la seguridad personal y empresarial en cuanto a sistemas operativos, es recomendable asegurarse de estar utilizando la versión más reciente del sistema operativo y verificar que la función de actualización automática está activada.

Según Oleg Gogorets, experto en seguridad de Kaspersky, «la migración a un sistema operativo más reciente puede percibirse erróneamente como una acción innecesaria o incluso disruptiva, que solo aporta nuevas funciones menores mientras complica los flujos de trabajo por cambios en la interfaz. Sin embargo, desde el punto de vista de la ciberseguridad, un sistema sin actualizaciones es como una casa con una valla podrida: basta una patada para derribarla. El riesgo, tanto para usuarios particulares como para empresas, es mucho mayor que las pequeñas incomodidades de pasar a una versión más reciente».