H&K: «En el mid-market todavía vemos muchísima migración cloud pendiente»

Gabriel Vallejos Martín, Azure Operations Manager de H&K

Hace mucho tiempo que venimos conversando sobre la nube, pero todavía tiene muchas asignaturas pendientes. La optimización y control de gastos en el cloud es una de las más evidentes, pero además hay otros temas de rigurosa actualidad: el incremento de demanda de infraestructura cloud derivado de la IA o la soberanía del dato son preocupaciones candentes para las empresas.

En MuyCanal hemos hablado con Gabriel Vallejos Martín, Azure Operations Manager de H&K sobre todos estos temas. Esto es lo que nos ha contado:

El cloud se ha consolidado como base de la estrategia digital, pero ¿en qué punto real de madurez están hoy las empresas en España? ¿Estamos ya en fase de optimización de lo migrado o todavía migrando?

La foto real es mixta y depende mucho del tamaño y del sector. Incluso, te diría que hasta de la zona geográfica. Hay regiones cuyo tejido es más industrial y son más lentas adoptando soluciones Cloud para infraestructura.

Las grandes cuentas llevan ya tiempo en fase de optimización, revisando arquitecturas, racionalizando el gasto y replanteándose qué cargas tiene sentido mantener en cloud público, cuáles funcionan mejor en híbrido y cuáles conviene repatriar. Pero en el mid-market todavía vemos muchísima migración pendiente o en curso, y, sobre todo, migraciones que se hicieron con prisa durante 2020-2022 y que hoy están pidiendo un rediseño porque se hizo lift and shift sin pensar en consumo.

Así que diría que convivimos en dos velocidades: una parte del mercado ya está optimizando, aplicando Cloud Smart y midiendo ROI con rigor, y otra todavía está aprendiendo a gobernar lo que se llevó a la nube. Lo interesante es que ambas fases generan oportunidad para el partner, pero son conversaciones muy distintas.

La soberanía del dato ha pasado de ser un concepto teórico a una prioridad para los clientes. ¿Qué está impulsando este cambio y cómo está afectando a las decisiones tecnológicas de las compañías?

Hay tres fuerzas que se han juntado en muy poco tiempo. La primera es regulatoria: NIS2, DORA para sector financiero, el esquema EUCS y el debate sobre cloud soberano europeo han hecho que los comités de dirección empiecen a hacer preguntas que antes solo hacían los equipos jurídicos. La segunda es geopolítica, con los clientes preguntando de forma muy directa dónde residen sus datos, qué legislación aplica y qué pasa si hay un conflicto comercial. Y la tercera, menos comentada pero igual de relevante, es la IA: cuando empiezas a mandar datos corporativos a un modelo, la conversación sobre soberanía se vuelve mucho más concreta.

El impacto en decisiones técnicas es real. Estamos viendo clientes que ya exigen regiones específicas, que revisan cláusulas contractuales con lupa y que piden arquitecturas preparadas para poder salir, en muchos casos híbridas porque hay componentes que no pueden salir de los centros de datos locales propios. No es moda, es un cambio estructural. De hecho, se ve claramente en el foco que están poniendo los propios hiperescalares: Microsoft, sin ir más lejos, está apostando fuerte por este frente con productos como Azure Local.

El control del gasto sigue siendo uno de los grandes retos del cloud. ¿Dónde están hoy los principales puntos de ineficiencia que detectáis en las organizaciones?

Los puntos clásicos siguen ahí: recursos sobredimensionados respecto al uso real, entornos de desarrollo y pruebas encendidos fuera de horario, snapshots y discos huérfanos que se acumulan durante años, y licenciamiento mal asignado. Pero lo que más nos encontramos no es un problema técnico sino de gobernanza: organizaciones que no tienen claro quién es dueño de qué gasto, sin etiquetado consistente, sin alertas cuando se dispara el consumo y sin un proceso de revisión mensual serio.

«Implantar FinOps de verdad exige cultura, no solo herramientas»

De FinOps se habla mucho, pero implantarlo de verdad exige cultura, no solo herramientas. Y ahí es donde muchas empresas se quedan a medias: compran una herramienta de visibilidad, generan informes, pero no cambian los comportamientos que provocan el gasto. Nuestra labor muchas veces es precisamente esa: acompañar el cambio organizativo respecto a la gobernanza, no solo optimizar la factura del mes.

La irrupción de la IA está aumentando el uso de la infraestructura cloud. ¿Qué impacto real está teniendo en los proyectos de vuestros clientes? ¿Se nota su efecto o será algo más de futuro?

Ya se nota, y bastante. En los últimos doce meses hemos visto crecer con fuerza las peticiones alrededor de IA: copilotos, análisis de datos no estructurados, automatización de procesos. Lo que estamos viendo es que el éxito de estos proyectos depende mucho menos del modelo que se elige y mucho más de la arquitectura sobre la que se apoya. Control de accesos, seguridad del dato, escalabilidad del cómputo, gobernanza, trazabilidad… todo eso hay que diseñarlo desde el minuto cero, porque arreglarlo después es carísimo y, en muchos casos, inviable.

Y hay una capa adicional cuando los modelos LLM entran a trabajar con datos sensibles: ahí no basta con la arquitectura, hacen falta guardarraíles bien definidos, controles de calidad sobre las respuestas y garantías de confidencialidad de extremo a extremo. Es la diferencia entre un piloto interesante y una solución que una empresa puede poner en manos de sus empleados o clientes sin exponerse.

«En los últimos doce meses hemos visto crecer con fuerza las peticiones alrededor de IA»

Lo que todavía está por ver es la madurez del retorno. Muchos proyectos siguen en piloto, y una parte importante no llegará a producción por falta de casos de uso sólidos o por problemas de calidad del dato. Nosotros abordamos estos proyectos de forma consultiva precisamente para atacar esas dos palancas: ayudar a definir casos de uso que justifiquen la inversión y trabajar la calidad del dato antes de llevarlo a un modelo.

Pero el efecto sobre el consumo cloud ya es visible en las facturas, y esa tendencia va a seguir creciendo en 2026 sin duda. Hoy es raro encontrar una empresa del mid-market que no haya reservado presupuesto para IA este ejercicio.

En este contexto del negocio cloud, ¿cómo está evolucionando el papel del partner? ¿Qué valor diferencial estáis aportando hoy frente a hace unos años?

Hace unos años el partner era, sobre todo, una palanca de ejecución: ayudabas a migrar, a desplegar, a configurar. Hoy eso sigue siendo necesario, pero ha dejado de ser suficiente. Lo que los clientes piden ahora es alguien que les ayude a decidir: qué arquitectura tiene sentido, cómo gobernar el gasto, cómo encajar seguridad y cumplimiento desde el diseño, y cómo preparar la organización para el cambio.

«Los clientes piden ahora es alguien que les ayude a decidir»

El valor se ha desplazado aguas arriba, hacia la consultoría y el acompañamiento continuo, y también aguas abajo, hacia la operación gestionada. En medio, donde estaba el negocio tradicional de proyectos cerrados, es donde más presión competitiva hay. Para nosotros el cambio ha significado invertir fuerte en perfiles de arquitectura, gobernanza y FinOps, y construir relaciones de largo recorrido con los clientes en lugar de entregas puntuales. Y, sobre todo, mantenernos fieles a nuestro ADN que es, en esencia, acompañar al cliente en todas las fases del ciclo de vida.

De cara a 2026, ¿qué oportunidades de negocio se abren para el canal en torno al negocio cloud? ¿Cómo creéis que se comportará el mercado en España?

Veo tres vectores claros. El primero es todo lo que gira alrededor de IA aplicada: no solo desplegar modelos, sino montar la plataforma de datos, la gobernanza y la seguridad que hacen falta para que esos proyectos salgan de piloto. El segundo es la modernización del puesto de trabajo y de las aplicaciones de negocio, muy ligada al ciclo de Microsoft Copilot y a las migraciones que todavía quedan pendientes. Y el tercero, que va a ganar peso, es la gestión continua: servicios gestionados de seguridad, FinOps y cumplimiento, que encajan muy bien con la presión regulatoria y financiera de la que hablábamos antes.

En cuanto al mercado español, creo que 2026 va a ser un año de consolidación más que de explosión. Crecimiento sostenido sí, pero con clientes más exigentes, más maduros en sus compras y menos dispuestos a pagar por humo. Eso es bueno para los partners que hayan hecho los deberes, y complicado para los que sigan vendiendo solo licencias.