El software como servicio, alojado en la nube, (SaaS) es cada día un negocio de más peso para el canal de distribución. Un entorno que si bien se ha democratizado rápidamente, también está viviendo su propia evolución al calor de la IA. Un momento donde muchas empresas se plantean cuál es el verdadero valor de este software.
El negocio del software continúa siendo clave en la industria tecnológica. Forrester prevé que el gasto mundial en este tipo de software pase de unos 318.000 millones de dólares en 2025 a 512.000 millones en 2028 y 576.000 millones en 2029.
En España, el pasado año el 17% del negocio del canal TI vino por el software, según datos de Context. Una tendencia que durante este año, por el momento de crecimiento, se espera que aumente aún más.
Estos buenos vientos para el software, especialmente para el SaaS, no significan que no haya cambios motivados por la IA, la tecnología que lo remueve todo.
Claramente el SaaS ha entrado en nueva etapa en la que tan solo estamos vislumbrando. Los agentes IA introducidos en las aplicaciones suponen una revolución de la que no hemos visto más que el inicio.
Si antes de la IA, las empresas necesitaban una aplicación para cada proceso y un determinado número de usuarios para utilizarla, ahora la situación cambia. Muchas tareas pueden ser automatizadas lo que hace que consultoras como Gartner planteen que 234.000 millones de dólares del gasto en aplicaciones empresariales SaaS podrían quedar expuestos a esta transformación hasta 2030, aproximadamente el 20% del mercado.
Se habla del arbitraje agéntico, agentes IA capaces de moverse entre sistemas y reducir la interacción humana
El fenómeno es tal que la firma lo ha llamado “arbitraje agéntico”: agentes capaces de moverse entre diferentes sistemas y realizar el trabajo, reduciendo así la necesidad de interacción humana con cada aplicación y, por extensión, el valor de algunas licencias por usuario.
El término SaaSpocalypse ha ganado fuerza durante 2026 para mostrar el cambio que se está dando por la oleada IA. Según Forrester, solo durante la primera semana de febrero se evaporó más de un billón de dólares de capitalización bursátil de compañías de software, ante el temor de que los agentes de IA puedan sustituir determinados flujos de trabajo que hasta ahora requerían aplicaciones SaaS específicas.
Sin embargo, hablar de la muerte del SaaS quizás es muy prematuro. Lo que es evidente es que estamos ante un cambio de paradigma nuevamente.
Aún así, claramente algo se está transformando en el mundo SaaS y se especialmente en la demanda de las empresas. Estas ya no buscan una mera suscripción, sino una manera de mejorar sus resultados con herramientas que vayan de la mano de su negocio.
Y de nuevo aparece el valor como manera más fiable de continuar en el mercado. Y es que la IA acabará con las tareas relativamente sencillas, pero no podrá aportar valor a la seguridad, mantenimiento, cumplimiento normativo, escalabilidad y fiabilidad de las aplicaciones.
De hecho, el informe de Forrester apunta en esta dirección. No todo el SaaS se verá afectado por igual. Entre los elementos que determinarán el impacto del SaaS aparecen la facilidad con la que la IA puede sustituir una función, los costes de cambiar de proveedor, la regulación, el modelo comercial o la capacidad para soportar cargas de trabajo agénticas.
Las soluciones SaaS horizontales que resuelven tareas concretas, tienen pocos costes de sustitución y aportan escasa diferenciación son algunas de las más vulnerables. Por el contrario, las plataformas verticales, profundamente integradas en los procesos empresariales, que trabajan con datos propietarios o pertenecen a sectores altamente regulados cuentan con mayores barreras defensivas.
También pueden salir beneficiados otros segmentos tecnológicos. Forrester apunta que cuanto más crezcan los agentes, mayor será la demanda de infraestructura, datos, integración, identidad, seguridad, confianza o soberanía. Es decir, la IA puede erosionar algunas categorías de software mientras acelera otras.
Un contexto donde el canal tendrá que volver a revisar su propuesta de valor. Para el canal, esta transformación implica igualmente revisar su propuesta de valor. Si las empresas empiezan a reducir aplicaciones redundantes, renegociar licencias o sustituir determinadas funcionalidades mediante agentes, limitarse a vender y renovar suscripciones será cada vez menos suficiente.
El partner puede ganar relevancia precisamente ayudando al cliente a decidir qué mantener, qué consolidar y qué sustituir. La gestión de activos de software, SaaS management, FinOps, integración, consultoría de IA y análisis del uso real de las licencias aparecen así como nuevas áreas de oportunidad.