El mensaje de la sostenibilidad en todas sus vertientes lleva un tiempo calando entre las organizaciones. Las políticas de ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) se ha visto como una obligación de cara a la galería. Sin embargo, lejos de serlo cada vez cuenta con más apoyo voluntario por los beneficios que aporta al negocio.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado hoy 5 de junio, volvemos a reincidir en la necesidad de optar por una conciencia verde. Y es que la transformación de los negocios es una realidad innegable, y con ella, la visibilización de la sostenibilidad como un factor estratégico para la competitividad de empresas, organizaciones e instituciones.
En este sentido, Javier Fernández, fundador y director general de Fundación COPADE comenta:
«Las nuevas exigencias ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) están transformando la manera de hacer negocios. Consumidores, inversores y administraciones ya no solo valoran el precio o la calidad de un producto: exigen transparencia, trazabilidad e impacto positivo real. En este contexto, el Comercio Justo deja de ser únicamente un compromiso ético para convertirse en una herramienta estratégica capaz de generar valor, diferenciación y competitividad».
Pero más allá de promover la sostenibilidad, las empresas deben comenzar a medir cómo esta protección al medio ambiente repercute en su negocio. La reputación es el primer paso, pero las organización deben ser capaces de medir su impacto económico, estratégico y de negocio.
Medir la sostenibilidad en una empresa implica empezar por los indicadores más tangibles: consumo energético, huella de carbono, uso de recursos y generación de residuos. Saber cuánta energía se consume, qué emisiones se generan, cuánta agua o papel se utiliza, o qué porcentaje de residuos se recicla permite detectar ineficiencias, reducir costes y fijar objetivos de mejora realistas.
Pero la sostenibilidad no termina dentro de la propia empresa. También debe analizarse la cadena de suministro, evaluando si los proveedores cumplen criterios ambientales, sociales y éticos, así como el impacto laboral y social de la organización: igualdad, conciliación, formación, bienestar, rotación o seguridad en el trabajo. Estos datos ayudan a construir una empresa más responsable, atractiva y preparada para responder a las exigencias de clientes, empleados y administraciones.
Por último, es clave vincular la sostenibilidad a resultados de negocio. Medir el ahorro energético, la reducción de costes, el acceso a nuevas licitaciones, la captación de clientes o la mejora reputacional permite demostrar que la sostenibilidad no es solo una cuestión ética, sino una auténtica palanca de competitividad y crecimiento.
La sostenibilidad parece un concepto abstracto en tecnología y que puede estar lejos del negocio tecnológico, pero nada más alejado de la realidad. De hecho, el sector tecnológico lleva tiempo predicando y bajando este mensaje con soluciones de eficiencia energética, iniciativas de reciclado y de aprovechamiento TI.
La carrera por la sostenibilidad en el entorno TI lleva mucho tiempo en marcha. Hace 5 años, por ejemplo, HP lanzaba su programa específico para promover la sostenibilidad entre los partners. HP Amplify Impact era una propuesta innovadora con la que el fabricante se acercaba a su canal para demostrar todo el negocio que había detrás de proteger al medio ambiente.
En ese momento parecía algo inalcanzable o poco común entre los partners, pero a día de hoy el 20% de los partners de HP ya están involucrados en su programa de sostenibilidad. Un verdadero éxito que confirma que protección medioambiental y negocio tecnológico van de la mano.
No es el único que ha remado en este sentido. Todos los fabricantes de hardware, en sus diferentes contextos, están lanzado acciones encaminadas a la reutilización de equipos o promoviendo soluciones de reciclado o reducción de plásticos. Así, los reacondicionados están alzándose como una opción cada vez más demandada.
En el entorno de los centros de datos, la realidad también está llevando hacia la eficiencia energética con premura. El consumo de estos espacios, cada vez más alto, supone un contaminante muy elevado para el Planeta. Conscientes de ellos, las medidas ASG se vuelven estrictas y buscan equilibrar la innovación con la protección al medio ambiente.
Por su parte, los mayoristas han visto en este ámbito una demanda y continúan reforzando sus líneas de distribución de reacondicionados, incluyendo nuevos proveedores y lanzando iniciativas encaminadas a la sostenibilidad. En este sentido, V-Valley incluso cuenta con una unidad específica de negocio.
Así, la concienciación está cada día más presente en el sector tecnológico. Ahora solo hace falta que el canal siga creyéndoselo y convirtiendo este factor estratégico en un valor más de negocio. Con ese paso se conseguirá que realmente el apoyo de la sostenibilidad sea innegable.