
Que nos van a atacar como empresa es una afirmación tan verídica que el foco debe estar en cómo nos protegemos. Y como partners, saber ejecutar una estrategia de protección y ampliarla a nuestros clientes es clave. Por ello, conocer las tendencias hacia las que se mueve la ciberseguridad nos permite ir un paso por delante. Y en 2026 ser veloces será uno de los grandes retos.
El reto actual no es únicamente tecnológico, sino también de adaptación según los expertos de Infinigate Iberia. «Hoy no se trata solo de la tecnología, sino que de la velocidad. La velocidad con la que evolucionan las amenazas, con la que cambian los entornos y con la que las empresas deben ser capaces de responder”, explica Reinaldo Rodríguez, director general de la compañía en la Península Ibérica.
En 2026 ser veloces será uno de los grandes retos
La rápida transformación digital no solo se están dando entre las empresa, sino también en el cibercrimen. Ahora, los ciberataques viajan tan rápido como la información y los usuarios pueden operan desde cualquier punto del mundo. Entre los muchos escenarios que está transformando esta nueva realidad, el de las empresas y su continuidad de negocio es uno de los más afectados.
En este contexto, son cinco grandes líneas que desde el mayorista aseguran que redefinirán el futuro de la ciberseguridad y la forma en la que las empresas abordan su protección digital.
Anticipación obligada
Las organizaciones deben evolucionar desde un enfoque reactivo hacia uno proactivo, apoyado en inteligencia de amenazas, análisis predictivo y correlación en tiempo real. Ir un paso por delante de lo que puede pasar para conseguir mitigar las consecuencias.
Para este reto, la inteligencia artificial se consolida como una aliada esencial en tareas de priorización de riesgos y mejora en la toma de decisiones, sin sustituir nunca el criterio humano.
Zero Trust, principio operativo
El modelo Zero Trust dejará de ser una tendencia para convertirse en un principio operativo. La seguridad ya no se define por una frontera física, sino por una gestión dinámica de la confianza, es decir, validar cada conexión, usuario y dispositivo entendiendo su contexto.
Responder con observabilidad
La observabilidad va a ganar protagonismo como el puente entre los datos y la comprensión. Más allá de la monitorización tradicional, limitada a vigilar métricas aisladas o a lanzar alertas, la observabilidad implica tener una visión integral y correlacionada de todo lo que sucede en los sistemas: redes, aplicaciones, cargas en la nube, identidades, endpoints y flujos de datos. Su objetivo es convertir la enorme cantidad de señales técnicas en contexto accionable, de forma que las organizaciones no solo detecten que hay un problema o una anomalía, sino que puedan reconstruir el contexto.
En un entorno híbrido y distribuido, donde los ataques y los fallos pueden ser sutiles y encadenarse entre capas distintas, esta capacidad de “leer el sistema” en tiempo real resulta clave para priorizar riesgos, reducir falsos positivos y acelerar la respuesta. En la práctica, la observabilidad permite pasar del “vemos un síntoma” al “entendemos la causa raíz”, facilitando automatizar decisiones, anticipar incidentes y actuar de la forma más eficiente antes de que el impacto crezca.
Confianza como vector de ataque
Las brechas no siempre se originan por fallos técnicos, sino que, en muchas ocasiones, tienen su origen en el factor humano. Y es que, el error humano continúa siendo la principal puerta de entrada de los ciberataques. De ahí la necesidad de las empresas de fortalecer la cultura de seguridad entre sus empleados y situar a las personas en el centro de la estrategia defensiva.
En este sentido, la formación se convertirá en el aliado perfecto para mitigar los efectos de los humanos y conseguir que la confianza no juegue malas pasadas.
Colaboración más necesaria que nunca
En un mundo tan interconectado como el actual, ninguna organización puede protegerse sola. Las amenazas son globales y colaborativas, por lo que la defensa debe ser también colectiva.
Así, el intercambio de inteligencia y la cooperación entre fabricantes, partners y clientes resultan esenciales para mejorar la visibilidad y la capacidad de respuesta ante un panorama cada vez más complejo.





