
El canal TI se prepara para más tensión. La crisis abierta en torno al Estrecho de Ormuz, derivado de la guerra de Irán, vuelve a poner en alerta a la industria tecnológica. Cuando el mercado aún no ha terminado de absorber los efectos de los cuellos de botella de los últimos años, el riesgo de una nueva disrupción en la cadena global de semiconductores gana fuerza. Y no se trata solo de energía: también están en juego materias primas críticas y la propia capacidad de producción de Asia, con impacto potencial en precios, plazos de entrega y disponibilidad de hardware para fabricantes, mayoristas e integradores.
José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, lo resume con claridad: “Un bloqueo del Estrecho de Ormuz podría tensionar de forma significativa la cadena global de suministro tecnológico, especialmente en el ámbito de los semiconductores”. La clave, explica, está en la dependencia de Taiwán, uno de los grandes nodos de producción mundial de chips, de recursos que atraviesan esta ruta estratégica.
En concreto, advierte de que “alrededor del 37% del gas natural licuado que alimenta su red eléctrica atraviesa Ormuz, y también pasa por allí una parte esencial del helio utilizado en procesos de fotolitografía”. Si ese flujo se interrumpe, el impacto sería inmediato: “la producción de TSMC podría ralentizarse, generando menos oferta y mayores plazos de entrega en Europa”.
Un mercado ya tensionado
El problema es que esta posible crisis no llega en un momento de estabilidad. Durante los últimos meses, la industria ya ha venido alertando de subidas de precios y tensiones en el suministro, impulsadas en gran parte por el auge de la inteligencia artificial y la creciente demanda de chips avanzados.
A este contexto se suma ahora el riesgo sobre el helio, un elemento crítico en la fabricación de semiconductores. Corrales lo subraya: “El principal problema es que los insumos críticos para la fabricación de chips se encarecerían aún más y podrían escasear”. No es un riesgo menor. El helio ya ha registrado importantes subidas de precio y su disponibilidad se ha visto afectada por restricciones en mercados clave.
Además, la vulnerabilidad energética de Taiwán agrava la situación. Según el economista, “con unas reservas de gas natural licuado equivalentes a apenas 11 días, cualquier interrupción prolongada del suministro podría provocar parones productivos casi inmediatos”. El resultado sería una tormenta perfecta para el canal tecnológico: “una nueva oleada de inflación en componentes, retrasos adicionales en la entrega de hardware y mayor presión sobre el inventario disponible”.
Aunque Europa no depende directamente del Estrecho, el impacto sería inevitable
Aunque Europa no depende directamente del Estrecho de Ormuz en la misma medida que Asia, el impacto sería inevitable por la interconexión de la cadena global. España, en particular, podría verse algo más protegida en el plano energético, pero no en el tecnológico.
Corrales lo explica así: “el impacto energético directo sería algo más limitado que en otros países […] pero eso no evitaría el efecto indirecto derivado de una menor disponibilidad global de hardware”. En la práctica, esto se traduciría en mayores dificultades para acceder a equipos, desde servidores hasta dispositivos de red o almacenamiento.
Qué puede hacer el canal TI
Ante este escenario, el canal TI no tiene margen para la pasividad. La anticipación, de la que llevan meses hablando los mayoristas, se convierte en un factor clave. Una aproximación que refuerza Corrales, “la principal respuesta pasa por reforzar la anticipación y la diversificación”. Esto implica reducir la dependencia de proveedores únicos y construir cadenas de suministro más resilientes.
También recomienda medidas más tácticas: “ampliar inventarios en aquellos componentes o productos considerados críticos” y apostar por fabricantes con menor exposición a los riesgos actuales. En este sentido, mercados como Japón o Corea del Sur pueden ofrecer cierta estabilidad adicional.
A ello se suma la necesidad de revisar contratos logísticos, anticipar compras y reforzar la planificación comercial. Todo con un objetivo claro: minimizar el impacto de posibles retrasos y subidas de precios en un entorno cada vez más incierto.
Un riesgo estructural que vuelve a escena
Más allá del corto plazo, la crisis de Ormuz pone de nuevo el foco en un problema de fondo: la elevada concentración de la producción de chips. Para Corrales, “la dependencia de Taiwán constituye uno de los principales riesgos estructurales del mercado tecnológico global”, al concentrar la fabricación avanzada en un único territorio.
Y añade: “cualquier alteración que afecte a Taiwán se convierte en un problema global de suministro”. Una vulnerabilidad que no solo responde a la geopolítica, sino también a factores energéticos y de recursos.
En este contexto, el canal TI se enfrenta a un escenario conocido, pero potencialmente más complejo: un mercado donde la disponibilidad ya no está garantizada y donde la capacidad de anticipación puede marcar la diferencia entre aprovechar oportunidades o quedarse sin producto.
Porque, como está demostrando el arranque de 2026, la batalla no solo se libra en la innovación, sino también en la resiliencia de la cadena de suministro. ¿Preparado para hacer frente a esta situación?





