
En muchos centros escolares de España, profesores y alumnos ven como cada vez tienen más prohibiciones a la hora de utilizar la tecnología en clase. Pero estas prohibiciones se centran casi exclusivamente en smartphones, y en menor medida en tablets. Los ordenadores siguen viéndose como herramientas de gran utilidad para impulsar y apoyar la educación, en prácticamente todas las materias.
La prohibición de smartphones, que en un entorno educativo suelen concebirse como una distracción para los alumnos, no está reñida tampoco con las últimas tecnologías en el aula. Específicamente, con la Inteligencia Artificial en educación, a la que se ve cada vez más como una herramienta para poder apoyar a profesores y alumnos durante la enseñanza y aprendizaje. Eso sí, integrada en sistemas y herramientas distintas y concretas para cada especialidad del aprendizaje.
En educación, la IA tiene también que estar personalizada y adaptada para cada nivel educativo dentro de las distintas asignaturas y temáticas. De otra forma, se perderán la mayoría de sus posibilidades. Por tanto, la IA sí puede entrar en las clases, pero con reglas, contenidos, sistemas y normas distintas en función de las etapas de primaria y secundaria.
También en la etapa de educación universitaria, donde ya entran más en juego sistemas de IA y herramientas de uso más general. En todos los casos, resulta imprescindible formar a los profesores tanto en el uso de la IA en general como de los recursos que tienen a su alcance para usar en el aula con sus alumnos, siempre adaptados a su nivel educativo y madurativo.
En este sentido, el Grupo de Trabajo de Tecnologías del Aprendizaje (GTTA) de la Universidad UNIE, plantea un marco de referencia de la competencia digital docente en relación con el uso de la IA en las aulas. Este marco define el papel de esta tecnología, así como los recursos digitales que pueden utilizarse en ellas en función del nivel educativo.
La IA en las distintas etapas de la educación
En las etapas de Infantil y Primaria, dado que el foco debe ser la alfabetización digital básica y la adopción de los primeros conocimientos relacionados con la ciudadanía digital, las actividades para los alumnos deben ser breves y estar siempre guiadas por un profesor o tutor. Además, deben realizarse sin el uso de smartphones personales.
En ambas etapas, se pueden utilizar herramientas tecnológicas básicas, pero deben centrarse sobre todo en el desarrollo de las capacidades lectoras, y como apoyo a la escritura. Los docentes también pueden utilizar proyectos con los alumnos en determinadas materias, como los idiomas o las ciencias, en los que se apoyen de manera puntual en la Inteligencia Artificial.
En la etapa de secundaria, durante la ESO, la IA se puede utilizar como asistencia en talleres y proyectos. En esta etapa, siempre con la autorización y la supervisión de los profesores, los alumnos pueden utilizarla para localizar información, así como para resumir textos de cara a la realización de trabajos, o para sintetizar temas de estudio.
En este nivel es también crucial concienciar a alumnos de que la IA no siempre ofrece respuestas verdaderas, y que puede tener fallos, e incluso inventarse una parte o todo el contenido de una respuesta. Por eso es importante concienciarles de la necesidad de verificar todas las respuestas que arrojen los chatbots y sistemas de IA generativa que se utilicen en el aula.
Para ello es imprescindible que la verificación se lleve a cabo con rúbricas claras, y con trazabilidad de fuentes. También la supervisión de los alumnos cuando utilizan la IA en contextos de educación, para evitar distracciones y usos más relacionados con el ocio cuando deberían estar apoyándose en la IA para mejorar sus conocimientos.
En Bachillerato y Formación Profesional, el uso de la IA deja de ser genérico, sobre todo en FP, para centrarse en la aplicación de las herramienta a temáticas específicas, y también a contexto real. En este caso es necesario utilizar herramientas que tengan en cuenta el contexto en función de la especialidad: industrial, sanitaria o administrativa.
En el caso de su uso con Bachillerato, se puede utilizar la IA de manera más general, con herramientas adaptadas al nivel de los estudiantes, pero también a cada asignatura. El uso de la IA y las herramientas especializadas para educación cobrarán especial importancia en el uso de idiomas, con sistemas de traducción automática o actividades relacionadas con la pronunciación o con el diálogo y la conversación con chatbots. En todos los casos, al igual que en etapas anteriores, todas las respuestas y contenidos que la IA ofrezca como resultado deberán comprobarse para evitar los fallos y las alucinaciones.
La IA en la formación universitaria
El paso a la Universidad supone que los alumnos tendrán más libertad para el uso de la IA, debido a que por un lado serán mayores de edad, y por otro a que el aprendizaje en esta etapa es más autónomo y especializado. Los profesores se enfrentan así a una etapa en la que más que prohibir la IA, tendrán que gobernarla, y ofrecer directrices claras para su uso, además de acotar en qué contextos estará permitida, y con qué fines.
Para ello es necesario que los centros diseñen políticas institucionales y garanticen la integridad académica. También deberían formar tanto a los docentes como a los alumnos en las leyes relacionadas con la Inteligencia Artificial, como la AI Act (Ley de IA), para evitar problemas de cumplimiento de normativas. Además, la formación también debe contemplar las recomendaciones de CRUE Universidades españolas, así como de la European University Association (EUA).
En este sentido se ha manifestado José Fernández Tamames, Director del Máster Universitario en Análisis de Datos Masivos e Inteligencia Empresarial en la Universidad UNIE, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, ha recordado la necesidad de establecer principios éticos y de gobernanza comunes para la integración de la IA en la docencia.
Con esta premisa, propone tres decisiones prácticas para avanzar hacia una digitalización responsable en educación. El primero pasa por definir los objetivos de aprendizaje antes de elegir la herramienta que se vaya a utilizar como apoyo para avanzar hacia ellos. El segundo, por garantizar la trazabilidad por defecto, conservando los prompts y versiones empleadas en tareas con IA.
Por último, es necesario asegurar la gobernanza y la seguridad de la IA en educación superior, con permisos acotados y claros, y un sistema independiente de control, así como un «kill-switch» operativo para cuando sea necesario utilizarlo.
La llegada y expansión de la Inteligencia Artificial, que parece que se acentuará en un futuro cercano, ha hecho que la digitalización en educación, y en concreto la IA en educación, sean competencias esenciales, tanto para profesores como para los estudiantes. Esto se debe a la necesidad de utilizar en el aula herramientas colaborativas avanzadas, así como otras dotadas de Inteligencia y apoyadas en modelos de lenguaje, tanto grandes como pequeños.
Pero este desafío al que se enfrentan no solo está relacionado con la tecnología, sino también con la pedagogía. Porque los profesores tienen que aprender y educar en un mundo digital que evoluciona con gran rapidez. Y además, hacerlo sin dejar atrás el sentido crítico, la atención y el valor de las relaciones humanas.





