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Smart contract: la hora del contrato inteligente

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Si el pasado 2017 fue el año del bitcoin, este 2018 los ‘smart contracts’, o contratos inteligentes, serán los auténticos protagonistas.

Las características de blockchain, basada en bloques enlazados entre sí y cifrados que crean una gran base de datos segura y distribuida, la han convertido en un canal abierto a muchas aplicaciones, entre ellas, la creación de contratos inteligentes (smart contracts).

Aunque resulta difícil calcular con exactitud cuántos contratos inteligentes existen hoy en día, State of the dApps apunta ya más de 1.000 basados en Ethereum, el blockchain más popular para el desarrollo de dApp.

Si bien aún estamos en los primeros estadios, paulatinamente veremos la proliferación de contratos inteligentes para todo tipo de situaciones comerciales ya que, a medida que la adopción de blockchain crece entre las empresas, irán surgiendo nuevos ‘smart contracts’ para necesidades empresariales más complejas.

Contratos más inteligentes

Una de las principales características de los contratos inteligentes es que deben ser seguros, transparentes y capaces de automatizar la actividad administrativa y eliminar los errores humanos. Esto está generando una gran expectación sobre el potencial con el que cuentan y que permitirá transformar la forma en que trabajamos actualmente.

No obstante, los expertos apuntan que, con la evolución de los ‘smart contracts’ y de las necesidades emergentes, los futuros contratos inteligentes pueden necesitar agregar código que permita una mayor privacidad a los contenidos del contrato considerando la transparencia que ofrece blockchain.

En lugar de 40 líneas de código, podríamos estar hablando de decenas de miles. Y cada línea adicional de código conlleva una porción adicional de riesgo: aquél entre el negocio y el código, que ha perdido algo de significado, que el contrato inteligente no se ejecutará como lo pretende el desarrollador o como demande la parte interesada del negocio, y que ese dinero se perderá irremediablemente. Cuanto más complejo sea el caso de uso, mayor será el volumen de código. Cuanto mayor es el volumen de código, mayor es el riesgo de error.

Asimismo, mayores volúmenes de código también implicarán mayor necesidad de potencia de procesamiento, y una reducción correspondiente en la velocidad de ejecución. Esto ya es una preocupación para el mercado empresarial, que espera poder de procesamiento de gran volumen y alta velocidad sea un requisito básico, no una característica extra. A diferencia de la nube, blockchain no puede expandirse y contraerse para cumplir con las demandas de capacidad. Cuanta más carga tenga que manejar la cadena de bloques, más lento será, si bien ya existen una serie de nuevos protocolos en desarrollo que esperan terminar con esa limitación.

Los contratos inteligentes deben ser seguros, transparentes y capaces de automatizar la actividad administrativa y eliminar los errores humanos

Los contratos inteligentes también necesitarán usar grandes flujos de datos desde dispositivos IoT. Esta convergencia ya ha comenzado, sobre todo con IBM y Maersk uniéndose para crear una plataforma de envío global habilitada con blockchain. Los contratos inteligentes actuales no pueden manejar los grandes volúmenes de datos de múltiples fuentes. En cambio, IBM y Maersk, y cualquier otra persona que desee explotar la convergencia de IoT y blockchain, necesitarán construir estos nuevos contratos inteligentes más complejos desde cero.

Y, por último, además de la experiencia legal y los grandes datos, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático serán ingredientes cruciales en futuros contratos inteligentes. Cuanto antes se introduzca inteligencia artificial, más pronto podrán los equipos aprender cuáles son los datos más importantes y dónde existen los defectos en un contrato inteligente. Eventualmente, AI podría ir más allá de eliminar los procesos manuales de verificación humana y asumir también las etapas de negociación y desarrollo de los contratos inteligentes.

Para ello será preciso contar con desarrolladores con las habilidades adecuadas, que dominen distintos lenguajes de programación, como C#, Java y Python lo que, unido a la estandarización de protocolos, el contrato inteligente será una realidad cada vez más extendida.

Todo apunta a que 2018 será el año de los avances hacia el establecimiento de estándares y directrices para el desarrollo de los contratos inteligentes.

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